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La
Fundación Make-A-Wish® de Utah, la Diócesis
de Salt Lake City, y el Vaticano hacen realidad el deseo de
un niño de Utah -- "Yo quiero visitar al papa."
por
Barbara Stinson Lee
Intermountain Catholic
SALT
LAKE CITY Jason García es un niño callado
y tímido. A la edad de 11 años, tiene pensamientos
que sobrepasan su edad. El no sube y baja las escaleras como
otros niños de su edad lo pueden hacer. El no juega
soccer. En Marzo de este año, Jason fue diagnosticado
de hepato-cellular carcinoma, un cáncer del hígado
que no es muy comun, cue se le a extendido a sus pulmones.
El está recibiendo tratamientos de quimioterapia en
el Primary Children1s Medical Center (PCMC) en Salt Lake City.
A
pesar de sufrir de esta rara enfermedad, Jason siempre tiene
una sonrisa en su cara, es travieso, y su abilidad para sorprender
a la gente es típica de su edad.
Jason
sorprendió a todo la gene hasta a sus propios padres
Gorge Garcia y Lilia Cabrera Vargas, de nacionalidad Mexicana
originarios de México, cuando Ann Harbertson, quien
trabaja en la Fundación Make-A-Wish de Utah, le preguntó
a Jason cual sería el deseo que más le gustaría
se le convirtiera en realidad. Jason contestó sin pensarlo
dos veces: "Yo quiero visitar al papa."
"ÀPor
qué quieres visitar al papa?" le preguntó
Harbertson al muchacho. "Porque él es la persona
en este mundo mas cecana a Dios," Jason contestó.
"Yo me asombré cuando supe cual era el deseo de
Jason," dijo Joann Gettig, una trabajadora social especializada
en oncología del PCMC. "Pero desde que Jason vino
al hospital por primera vez, ha sido claro que él es
un muchacho profundamente religioso y espiritual."
Durante todas sus hospitalizaciones, dijo Gettig, Jason ha
tenido un crucifijo de madera junto a él en su cama,
y cuando Jason expresó su deseo, ella estaba mirando
el crucifijo.
"Me
sorprendió que la Fundación pudiera cumplirle
su deseo." Pero pensé -- si la definición
de un deseo es el sueño más profundo y querido
de un niño, por supuesto que la Fundación tenía
que tratar de cumplirselo."
La Fundación Make-A-Wish® de Utah, con su magnífica
red de voluntarios y donadores se puso a trabajar de inmediato.
La Fundación, haciendo uso de sus 20 años de
experiencia cumpliendo los deseos de niños de dos y
medio a 18 años de edad, y con enfermedades que amenazan
sus vidas, empezó a hacer planes para mandar a Jason,
a sus padres, a su abuela Ma. Consuelo Cabrera Vargas, y a
su hermano y hermana, Ulisses y Jenesis, a Roma.
"Doctores,
trabajadores sociales y otras gentes, nos envían a
los niños con deseos," dijo Ginny Smith, administradora
del programa a cargo de los deseos. "Ellos deben de tener
enfermedades que los doctores han determinado amenazan las
vidas de estos niños. Nosotros somos responsables por
cumplir los deseos. Confiamos en que las respuestas que recibamos
sean positivas, que ellos encuentren la respuesta a sus necesidades."
La
primera llamada que hicimos fue a la oficina del Obispo George
Niederauer de la Diócesis de Salt Lake City. El Obispo
Niederauer puso en marcha el deseo de Jason, cuando se comunicó
con Monseñor Roger C. Roenisch de la Oficina del Obispo
para los Visitantes de los Estados Unidos al Vaticano, pidiéndole
que arreglara una audiencia con el Papa Juan Pablo II para
Jason y su familia.
Uno
supondría que conseguir la audiencia con el papa fue
el aspecto más difícil del deseo de Jason, pero
ese no fue el caso. Debido a su condición médica
tan delicada, la selección de fechas y la cooperación
de docenas de individuos fueron muy importantes. También
fue de gran importancia encontrar a un traductor adecuado
para que viajara con la familia García. Make-A-Wish®
pensó en la posibilidad de emplear enfermeras o trabajadoras
sociales de habla hispana. Pero en eso Bob Imhoff intervino.
El Sr. Imhoff es miembro del consejo de Make-A-Wish®,
y miembro de la Parroquia de St. Ambrose y sirve en el consejo
de directores de la Fundación Católica de Utah.
"No
solo se trataba de satisfacer las necesidades físicas
de Jason," dijo Imhoff. "Yo pensé que teníamos
que enviar con la familia a alguien que tuviera un entendimiento
claro del significado religioso de dicha experiencia."
Imhoff
se puso en contacto con el Vicario General Diocesano Monseñor
J. Terrence Fitzgerald, y juntos recomendaron al Padre Eugenio
Yarce, pastor de la Parroquia de San Felipe en Wendover. Para
el Padre Yarce, ayudando a cumplir el deseo de Jason iba a
ser una experiencia que alteraría su vida. Mientras
tanto, otro voluntario de la Fundación, Scott Shurian
estaba ocupado en la Internet. La responsabilidad de Shurian
consistió en arreglar el transporte y el alojamiento
para la familia García en Roma, y también asegurarse
de que hubiera un hospital que pudiera recibir a Jason en
caso de que se presentara una crisis. El viaje tuvo que programarse
con mucho cuidado. Tuvo que hacerse de acuerdo al Vaticano,
y entre los tratamientos de quimioterapia y los efectos secundarios
que estos causan.
Shurian
se puso en contacto con los consulados Italianos en los Estados
Unidos y en Roma. Habló a los hospitales y a los hoteles.
Por varios días él se encontraba en el centro
de una avalancha de correo electrónico. El dijo que
en todos lados él encontró gente que quería
ayudar.
"Esta
es la forma en que las cosas funcionan en el mundo de los
deseos," dijo Shurian. "En todos lados hubo gente
que quería ayudar -- en el hotel, en los hospitales,
había gente dispuesta a estar en lista de espera, extraños
que no sabían nada de la situación de Jason
o que no habían oído de la Fundación
Make-A-Wish®. Lo œnico que yo hice fue sentarme enfrente
de la computadora. Personas muy generosas se hicieron cargo
de todo. Y ellos no esperaban nada en retorno.
Christine
Sharer, jefe ejecutivo de Make-A-Wish® en Utah, dijo que
esperanza es un mensaje prevalente de la fundación.
"En
cada deseo que hacemos realidad, hay una inferencia de esperanza,"
ella dijo. "Si el tratamiento tiene éxito, a nosotros
nos dá mucho gusto. Nuestra misión es cumplir
los deseos de niños con enfermedades que amenazan sus
vidas para enriquecer la condición humana y para dar
a los niños con deseos fortaleza y alegría."
Obtener
los pasaportes para toda la familia creó otro reto
para Harbertson. Un miembro de la familia tenía problemas
de inmigración. Junto con Smith, ella se puso en contacto
con miembros del Congreso, El Servicio de Inmigración
y Naturalización, y con oficiales Mexicanos de inmigración.
Todos les dijeron no.
"Estabamos
ya hasta el œltimo momento, pero aœn así compramos
todos los boletos," dijo Smith. "Finalmente, un
hombre compasivo del Consulado Mexicano aquí en Utah
nos envió con un abogado quien nos ayudó a conseguir
una visa humanitaria."
La
familia y el Padre Yarce salieron para Roma el 1 de Septiembre,
teniendo una audiencia con el Papa Juan Pablo II programada
para el 5 de Sept.
"Jason
y yo nos hicimos amigos de inmediato," dijo el Padre
Yarce. "Yo traté de atraerlo a través del
juego." Con una familia sufriendo toda clase de tensiones,
el Padre Yarce descubrió que su misión fue semejante
a cuando uno remueve los pétalos de una rosa, encontrando
pena, nostalgia y dolor en todos los niveles. En ocasiones,
se tuvo que recurrir a actuar en forma persistente, como cuando
se tuvo que obligar a Jason a que comiera, y cuando el Padre
Yarce descubrió que los nombres de todos, excepto el
de él estaban en la lista de las audiencias con el
papa.
"Yo
se que Dios siempre proveé," él dijo. Una
mujer en el Vaticano me estaba ayudando. Ella me pidió
que le llamara después de las cinco de la tarde para
ver si ella podía poner mi nombre en la lista. Como
yo tenía miedo que la oficina cerrara después
de la cinco, en lugar de esperarme le hablé a los cinco
minutos. De nuevo ella me pidió que le hablara después
de la cinco. Pero otra vez le llamé cinco minutos más
tarde.
"ÀSabe
alguien que usted está en Roma?" la mujer me preguntó
claramente exasperada.
"No,"
el Padre Yarce contestó.
"ÀSabe
alguien que usted es un sacerdote?" ella me preguntó.
"Sí," él dijo. "Dios sabe."
Finalmente ella puso su nombre en la lista y le dió
instrucciones de traer con él un alba y una estola
porque antes de la audiencia se iba a celebrar una misa en
la capilla privada del papa.
El
Padre Yarce estuvo de acuerdo, a sabiendas de que él
no había traído a Roma un alba y una estola.
A las 5:15 p.m. él salió a buscar una tienda
donde pudiera comprar las vestiduras que él necesitaba.
El convenció a un tendero de que no cerrara su tienda
y de que le vendiera lo que él necesitaba.
"Esto
fue posible gracias a una persona en Roma con un gran corazón,"
él dijo. Aœn no entiendo como sucedió todo esto
pero "cuando Dios quiere hacer su voluntad, él
lo hace todo perfecto."
El 5 de Sept., el Padre Yarce se encontró dirigiendo
la proceción a la capilla privada del papa y cocelebrando
la Misa con él. Esto es algo que él nunca soñó
que pudiera pasar.
Después
de la Misa siguió la audiencia privada en la cual el
Papa Juan Pablo II recibió a cada persona en forma
individual, les dió la bendición, y les obsequió
unos rosarios.
En
una voz suave, y en Español, Jason dijo que no había
palabras para describir lo maravilloso que él se sintió
cuando el papa lo recibió.
"El
es muy amable," él dijo. Y él me besó
en la frente. Yo nunca lo olvidaré." El Padre
Yarce dijo que la audiencia fue muy rápida, "pero
con Jason, el Santo Padre se tomó su tiempo. Esto nos
dió una gran alegría."
Como sacerdote, dijo el Padre Yarce, el peregrinaje a Roma
cambió mi vida. "Me mostró la realidad
del dolor y del sufrimiento," él dijo. Hubo lágrimas
de alegría y de dolor. Fue una gran bendición."
A
través de una serie de gentes con gran compasión
y a través de la gracia de Dios, dijo el Padre Yarce,
la salud de Jason se mantuvo bien y el deseo más profundo
de su corazón se hizo realidad.
Gettig
dijo que no era necesario infundir esperanza en Jason, porque
él siempre la ha tenido.
"El
tiene su propio empuje interno y un deseo de vivir que es
inagotable," ella dijo. El está dispuesto a poner
su propia calidad de vida en la línea. El es un luchador,
y yo lo apoyaré en cualquier decisión que él
tome. Las decisiones de Jason así como su espíritu,
las cuales al resto de nosotros se nos hacen difíciles
de entender, provienen de su corazón y de su alma,"
dijo Gettig. "Ellas provienen de su propia sabiduría."
Para
mayor información acerca de la Fundación Make-A-Wish®
de Utah usted puede llamar al 277-4673.

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